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CierroTraspaso

Traspasar un food truck o un negocio sin local

Sin local no hay arrendamiento que ceder, y sin arrendamiento se cae la mitad de lo que se suele llamar traspaso. Queda el vehículo, los permisos y la agenda.

· 8 min de lectura

Remolque de comida con la ventanilla de servicio abierta al atardecer, con una persona acercándose.
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En un traspaso normal, la mitad del valor está en el local: la cesión del arrendamiento, la ubicación, la clientela que pasa por delante. Quita el local y se cae esa mitad.

Eso es un food truck, y también un negocio de reparto sin tienda, un puesto de mercadillo o un servicio a domicilio. Lo que se vende es otra cosa, y por eso el contrato y el precio se montan distinto.

Qué se transmite cuando no hay local

Traspaso con local

  • Cesión del arrendamiento (art. 32 LAU)
  • Notificación al arrendador en un mes
  • Posible subida de renta del 20 %
  • Licencia de actividad del local
  • La ubicación es el activo principal

Negocio móvil

  • Transferencia del vehículo en Tráfico
  • Autorizaciones municipales de venta
  • Registro sanitario y plan de higiene
  • Marca, redes y calendario de eventos
  • Nada de la LAU aplica

Al no haber contrato de arrendamiento no hay cesión que notificar, no hay elevación de renta del 20 % del artículo 32.2 de la Ley de Arrendamientos Urbanos y no hay propietario que pueda vetar la operación. Eso simplifica.

Lo que se complica es todo lo demás, porque los permisos que sí hay son municipales y suelen estar pensados para no transmitirse.

La licencia de venta ambulante, que casi nunca viaja

La venta no sedentaria se ejerce con autorización municipal de duración determinada, y muchas ordenanzas la configuran como personal: transmisible solo en supuestos tasados —fallecimiento, familiares directos— o directamente no transmisible.

Antes de poner precio a nada, la gestión es esta: pedir la ordenanza del municipio o municipios donde opera el negocio y preguntar por escrito si el puesto puede cambiar de titular y con qué requisitos.

Comprar un food truck contando con seguir yendo al mismo mercadillo de los sábados, y descubrir después que la autorización muere con el titular anterior, es el error caro de este sector. Es la misma lógica que rige en un quiosco de prensa o en un puesto de mercado: cuando quien manda es el ayuntamiento, la ordenanza va antes que las cuentas.

El vehículo: cuatro comprobaciones

La ficha técnica con la reforma homologada. Una furgoneta convertida en cocina ha sufrido una reforma de importancia y tiene que constar así. Sin esa anotación el vehículo no puede trabajar, por mucho que lleve años haciéndolo, y regularizarlo después cuesta tiempo y un proyecto técnico.

La ITV en vigor, con la reforma reflejada.

Las cargas. Nota del Registro de Bienes Muebles para ver si hay reserva de dominio o financiación viva. Muchos food trucks se compran con préstamo y el vendedor no siempre lo menciona.

Las instalaciones. La de gas y la eléctrica, con sus certificados y sus revisiones. Es donde se concentran los sustos, y donde una inspección en plena temporada puede dejarte el negocio parado el fin de semana que más factura.

La cocina también tiene papeles

Un vehículo que manipula alimentos necesita su inscripción en el registro sanitario que corresponda en tu comunidad autónoma, y no basta con la del titular anterior: hay que comprobar si el cambio se comunica o si hay que inscribirse de nuevo.

Y con ello va el resto del bloque de higiene alimentaria: el plan de autocontrol basado en el sistema APPCC, adaptado a un local móvil como exige la normativa europea de higiene; los carnés de manipulador del personal; el control de temperaturas; y el contrato de agua potable y de residuos si el ayuntamiento lo exige en los emplazamientos.

Todo eso existe o no existe. Si no existe, lo que compras no es un negocio en marcha: es una furgoneta y un mes de trámites por delante.

La agenda de eventos es el fondo de comercio, y no está garantizada

Aquí está el activo de verdad y también el más resbaladizo.

Los festivales, mercados gastronómicos, ferias y bodas se contratan con organizadores que eligen a quien conocen. La mayoría de esos acuerdos son de temporada, muchos son verbales y prácticamente ninguno se cede por escrito.

Traducción: puedes comprar un food truck que facturó bien el año pasado y quedarte sin la mitad del calendario porque el organizador quería a la persona, no al vehículo.

Se maneja así:

  • Pedir el histórico de eventos de los dos últimos años, con fechas y facturación de cada uno.
  • Exigir una presentación formal del vendedor a los organizadores clave, no un teléfono.
  • Ligar parte del precio a que esas fechas se confirmen: un pago aplazado que se abona cuando el calendario de la próxima temporada esté cerrado.

Ese aplazamiento condicionado es lo que convierte una promesa en un precio justo, y encaja bien con las arras mientras se comprueba todo lo demás.

Cómo se valora esto

Sin local ni arrendamiento que ceder, el precio se apoya en tres patas:

  1. Los activos: vehículo, equipamiento de cocina, generador, mobiliario. Con su antigüedad y su valor real de reventa, no el de la factura de compra.
  2. Los permisos: cuánto valen los que efectivamente se transmiten, y cero por los que no.
  3. La marca y la agenda: redes con seguidores reales, reseñas, y el calendario en la medida en que esté confirmado.

Es una valoración con menos fondo de comercio y más inventario que la de un negocio con local, y por eso conviene desglosarla pieza a pieza en el anexo del contrato de traspaso en lugar de dar un precio global. Para la parte de rentabilidad, la calculadora del valor parte del beneficio, que aquí es el criterio correcto: la facturación de temporada engaña mucho.


Esta guía es divulgativa. Las autorizaciones de venta no sedentaria y los requisitos sanitarios de los establecimientos móviles los fija cada ayuntamiento y cada comunidad autónoma, con diferencias grandes: pregunta por escrito antes de negociar el precio.

Preguntas frecuentes

¿Qué se traspasa exactamente en un negocio sin local?

Cuatro cosas, y ninguna es un arrendamiento. El vehículo con su equipamiento de cocina, que se transmite con una transferencia en Tráfico como cualquier otro. Las autorizaciones para vender, que son municipales y no siempre viajan. El registro sanitario y la documentación de higiene. Y la marca con sus redes y su clientela, que en este negocio suele ser lo que de verdad se está pagando. Como no hay cesión de contrato de alquiler, no aplican ni el artículo 32 de la Ley de Arrendamientos Urbanos ni la subida de renta del 20 % que tanto pesa en otros traspasos.

¿Se puede traspasar la licencia de venta ambulante?

Depende del ayuntamiento y la respuesta suele ser restrictiva. La venta no sedentaria se ejerce con autorización municipal de duración determinada, y muchas ordenanzas la configuran como personal, transmisible solo en supuestos tasados o directamente no transmisible. Antes de poner precio a nada hay que pedir la ordenanza del municipio o municipios donde opera el negocio y preguntar por escrito. Comprar un food truck contando con seguir en el mismo mercadillo cuando la autorización no se transmite es el error caro de este sector.

¿Los contratos con festivales y mercados pasan al comprador?

Legalmente casi nunca, y comercialmente tampoco de forma automática. La agenda de eventos se sostiene sobre relaciones personales con organizadores que eligen a quien conocen, y la mayoría de esos acuerdos son de temporada o verbales. Ese calendario es la mayor parte del fondo de comercio y es justo lo que menos garantías tiene. Se maneja pidiendo el histórico de eventos de los dos últimos años con su facturación, exigiendo una presentación del vendedor a los organizadores clave y ligando parte del precio a que esas fechas se confirmen.

¿Qué papeles del vehículo hay que revisar antes de comprarlo?

La ficha técnica con la reforma de importancia homologada, porque una furgoneta convertida en cocina sin la transformación anotada no puede trabajar por mucho que lleve años haciéndolo. La ITV en vigor con esa reforma reflejada. La ausencia de cargas o reserva de dominio, que se comprueba con una nota del Registro de Bienes Muebles. Y el estado real de la instalación de gas y de la eléctrica, con sus certificados, que es donde se concentran los sustos y donde una inspección puede cerrarte el negocio en plena temporada.